Las exhortaciones a la moderación siempre serán pertinentes y cumplirán un propósito de alta significación, sobre todo si al ser acogidas en alguna medida pueden prevenir conflictos, desgracias y problemas de todo tipo que resultan perjudiciales para la convivencia armoniosa.
Hay quienes piensan que estos llamamientos solo tienen en el tiempo presente y particularmente en períodos como las navidades, un carácter meramente protocolar y una recepción reducida o simbólica, porque la gente está inmersa en su ámbito particular.
Aun así, nos adherimos a las iglesias y a los organismos de socorro y a las entidades cívicas que no desmayan en su prédica para que los ciudadanos puedan disfrutar del asueto del fin del 2010 y de la llegada del 2011 de una forma equilibrada, sin exponerse a situaciones potencialmente riesgosas.
En efecto, son muchos los peligros que pueden desecharse si las personas asumen con mayor atención la necesidad de preservar la integridad propia, la de sus familias y la del prójimo en sentido general, al participar en festividades donde se produce una alta dinámica de desplazamientos y de movilidad social.
Este aspecto debe observarse con mayor cuidado en las carreteras y autopistas para evitar que altas velocidades y manejos temerarios puedan producir accidentes de fatales consecuencias.
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