Las infraestructuras que facilitan el desarrollo del turismo y el disfrute de nuestros atractivos naturales a visitantes dominicanos y extranjeros deben contar con programa continuo de cuidado y mantenimiento.
La dejadez o ausencia de una previsión en ese sentido provoca situaciones muy lamentables y perjudiciales para la imagen que debemos mostrar al mundo.
El estado de deterioro en que se encuentra el puente de Samaná, la obra más emblemática que identifica a esa provincia turística, es una patética muestra de estos negativos efectos.
La adecuada atención a estas estructuras no es responsabilidad exclusiva del Ministerio de Turismo, que por cierto debería contar con un presupuesto que esté en consonancia con el gran aporte que brinda al fisco por diversas vías.
A pesar de que se ha avanzado en esa materia, todavía en el país no existe la debida conciencia sobre la importancia del turismo y del imperativo de contribuir a su expansión sostenida.
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