Aunque es innegable que el país cuenta por mucho con un sistema sanitario superior al que precariamente existe en Haití, aquí no podemos permanecer indiferentes frente a la grave revelación de que la mayoría de las plantas de tratamiento de aguas residuales no funcionan en la capital.
Los controles sanitarios aplicados a raíz de la epidemia de cólera desatada en la vecina nación han sido efectivos, puesto que ninguna persona ha muerto en República Dominicana, pero no puede ignorarse que ya tenemos registrados 62 casos.
En medio de ese panorama, que exige una vigilancia extrema y permanente, mueve a preocupación el conocimiento del deterioro de los sistemas que están llamados a garantizar un adecuado tratamiento de los desechos recolectados por los alcantarillados sanitarios.
Tan peligrosa es la situación que el director de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) considera que se trata de una “bomba de tiempo”. Ojalá que se tomen medidas antes de que pueda producirse un verdadero estallido.
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