La reactivación del comité encargado de recavar ayuda internacional para lograr la reconstrucción de Haití es un paso importante que puede romper la inercia en que ha estado ese crucial proceso en los últimos meses.
La llegada hoy al país del expresidente de Estados Unidos, Bill Clinton, quien coordina esa labor, y del primer ministro haitiano, Jean Max Bellerive, abre nuevas expectativas en torno a la asistencia que necesita el vecino Estado para reponerse de los devastadores daños causados por el terremoto del 12 de enero pasado.
Esa ayuda es ahora más urgente, en vista de que al drama de haitianos hacinados en carpas se ha agregado una crisis sanitaria que ha causado la muerte a más de 2,000 personas y que parece no tener término.
Aunque tras el sismo la comunidad internacional se comprometió a aportar 1,600 millones de dólares, apenas el 20 por ciento de esa suma ha llegado a Haití y a cuentagotas.
Esto ha impedido emprender, con la dimensión y el alcance requeridos, la titánica tarea que requiere un Estado con sus instituciones de hecho virtualmente colapsadas y la inmensa mayoría de su población sumida en la más absoluta indefensión.
Se necesita concretizar, con recursos que fluyan de forma real y sostenida, el proyecto que en su momento esbozó la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, cuando dijo que “tenemos que involucrarnos de forma más densa, con inversiones a largo plazo”.
En efecto, las naciones que dicen ser amigos de Haití y que de verdad les duele su drama no pueden repetir el esquema que se ha seguido de desembolsos insuficientes y esporádicos, que apenas sirven para alivios momentáneos y de reducidas repercusiones.
El hecho de que sea nuevamente la República Dominicana la sede para esta reactivación, es un reconocimiento a la efectiva contribución brindada por nuestro país a los hermanos haitianos, y es de esperar que ofrezca provechosos resultados.
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