El mundo artístico con sensibilidad hacia el canto no solo de deleite estético o musical, sino el que vibra con su letra y su emoción por la causa de los débiles y de los oprimidos, está de luto con la muerte de Mercedes Sosa, acaecida ayer a los 74 años.
Millones de latinoamericanos que fueron impactados en sus corazones por las emotivas interpretaciones de esta gran cantante argentina también sienten, como una gran pérdida, la partida de “La Negra”, como se le llamaba con gran cariño y reconocimiento.
Para los dominicanos su muerte es motivo de particular consternación, en vista de su participación en el histórico encuentro “Siete días con el pueblo”, en un período donde la intolerancia política hacía difícil y riesgosa la protesta contra el abuso y la opresión.
Fue ese el punto de partida para el gran amor que sintió por los dominicanos y que se manifestó posteriormente con sus citas en el Teatro Nacional y Casa de Teatro, donde dejó recuerdos inolvidables.
Mercedes Sosa anhelaba volver a esta tierra para tener un reencuentro afectivo con todos los que en el país la querían y la admiraban, pero el deterioro de su salud se lo impidió.
Pero aquí, al igual que en toda Latinoamérica, donde su voz se alzó tantas veces para defender los derechos humanos y combatir la opresión, ese sentimiento será permanente, como lo es su legado de la canción de protesta comprometida con causas políticas y sociales.
Será siempre recordada por su activa participación en el Movimiento del Nuevo Cancionero y su apoyo a la lucha sindical de los trabajadores y a favor de las comunidades indígenas.
Por su labor padeció persecución y tuvo que recurrir al exilio durante la dictadura militar argentina. Su amor a la libertad y sus convicciones eran tan firmes que no regresó a su patria hasta la llegada de la democracia.
Sus palabras de que “antes los sueños eran más radicales, perfectos. Ahora, se hace lo que se puede”, son una crítica a la pérdida de ideales y al particularismo. Paz a los restos de esta gran mujer.
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