Los accidentes se han convertido ciertamente en el país en una epidemia con múltiples implicaciones de muerte, dolor y costos millonarios. A pesar de las campañas educativas y de prevención, muchos son el resultado del manejo temerario por parte de conductores que no observan las más elementales normas de prudencia en calles y carreteras.
Es obvio que muchas vidas podrían estar a buen resguardo si no existieran tantos desaprensivos al volante que, sin miramiento alguno, violan semáforos, transitan a contravía y aceleran enloquecidos por la velocidad. Es alarmante la cantidad de accidentes que provocan los motociclistas y las pérdidas que el Estado tiene que asumir, por un monto estimado en 1,200 millones de pesos.
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