Al presidente de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), mayor general Rolando Rosado Mateo, le ha tocado una tarea titánica al tener que combatir el tráfico en dos frentes, tanto dentro como fuera de la organización.
Mientras se mantiene vigilante a todas horas para supervisar sobre el terreno la labor antinarcótica, no puede descuidarse un segundo porque las ofertas y tentaciones a los miembros de la institución están a la orden del día.
Contar con hombres bien entrenados para una tarea tan peligrosa y que posean además la integridad y entereza para no ceder ante el narco, exige una minuciosa labor de selección, seguida por un permanente monitoreo.
Los golpes a los traficantes, como el asestado anoche con el alijo descubierto en un avión de carga en el aeropuerto Las Américas, revelan la incesante operación del narco, pero también que hay vigilancia efectiva, capaz de detectar complicidades.
Se trata de una ardua lucha contra el crimen organizado que debe contar con el apoyo de todos los sectores de la sociedad
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