Las agresiones y actos intimidatorios que desconocidos ejecutaron contra el Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas (Pacam) han causado justificada alarma por estar dirigidos a una entidad dedicada a la loable causa de prevenir y combatir la violencia de género.
Esta inquietud ha sido mayor y provocado perplejidad por coincidir precisamente con la celebración del Día Internacional de la no Violencia contra la Mujer.
Las oficinas del Pacam han sido violentadas, sus expedientes revueltos y tirados al suelo y su presidenta, Soraya Lara de Mármol, ha recibido llamadas telefónicas intimidatorias, todo un cuadro de hostilidad contra una institución que lo que debe recibir es apoyo y reconocimiento por sus méritos.
En función de lo acontecido, el Pacam piensa con toda razón que el responsable sea el agresor de una de las mujeres que reciben atención en el patronado y que con esa acción busca asustar a quienes orientan a su pareja para librarse de una relación violenta.
En este tipo de asistencia reside uno de los elementos fundamentales de la labor del Pacam, ya que ha permitido a muchas mujeres contar con el apoyo moral y legal para evitar ser víctimas de abusos y maltratos que a veces son el preludio de una muerte segura, a manos de quienes debían ser sus protectores.
La violencia contra las mujeres presenta numerosas facetas, que van desde la discriminación y el menosprecio hasta la agresión física o sicológica y el asesinato en el ámbito familiar o laboral, por lo que la lucha contra este mal social requiere el sostenido concurso de diferentes sectores de la sociedad.
El ataque al Pacam es una agresión directa al derecho de las mujeres a ser protegidas frente a parejas violentas y desaprensivas y las autoridades están en el deber de apresar a los autores de este hecho incalificable. Con esto se rinde también un tributo al sacrificio de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, a cuya memoria está dedicada la conmemoración de este día.
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