El país enfrenta hoy uno de los momentos más apremiantes de su historia en materia de seguridad ciudadana, debido al auge de la delincuencia y del crimen organizado, que adopta distintas modalidades para sorprender a sus víctimas, entre las que se incluye ahora el secuestro.
Este mes se cumple un año de que la Procuraduría General de la República y el secretario de Interior y Policía anunciaran un reforzamiento del Plan de Seguridad Democrática, con la participación de los gobernadores provinciales, la Policía Nacional y el Ministerio Público.
A pesar de los innegables esfuerzos realizados, entre los que cabe destacar el firme y frontal combate de la Policía al crimen y el narcotráfico, conjuntamente con la Dirección Nacional de Control de Drogas y los organismos castrenses, todavía es mucho lo que se debe avanzar en este campo.
El proceso de depuración ha sido notable, pero requerirá un mayor fortalecimiento y un seguimiento estricto para evitar la complicidad de los agentes llamados a combatir la criminalidad con los propios grupos que dirigen acciones delictivas.
Basta dar un vistazo a hechos recientes ligados al narcotráfico que han provocado el traslado de dotaciones completas de policías y de otras instituciones.
A esto se añade el ingrediente de militares y policías que abiertamente son sorprendidos en activa participación en hechos delictivos.
No importa el nombre con que se designen los planes de seguridad, si no se involucran los distintos actores de la cadena, policías y militares, fiscales y jueces, la respuesta de las autoridades carecerá de la debida contundencia para detener el golpeo sistemático de los malhechores a la sociedad.
Insistimos en que se requiere una supervisión permanente de los programas preventivos en materia de seguridad ciudadana, donde la rotación de los agentes realmente funcione como algo rutinario.
De esta forma, se reducirán las posibilidades de que se puedan establecer nexos con los delincuentes y se logrará, además, que programas como Barrio Seguro no se vean permeados por tentaciones y la compra de voluntades.
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