La censura es el más odioso y nocivo mecanismo utilizado para conculcar la libertad de palabra y el libre juego de las ideas y no admite justificación alguna, aunque se invoquen argumentos pretendidamente legales o de alto sentimiento patriótico.
Por eso resulta una monstruosidad jurídica la sentencia dictada por la jueza Katia Gómez para impedir la venta, reproducción y circulación en el país del libro “Trujillo, mi padre”, escrito por Angelita Trujillo, hija del sátrapa que durante 31 años sojuzgó al pueblo dominicano.
La libertad y la democracia por las que lucharon aquellos que con sus ideas y acciones contribuyero a que la tiranía fuera decapitada el 30 de mayo de 1961, no pueden ser defendidas con los métodos de intolerancia, opresión y obscurantismo que se utilizaron en ese horroroso capítulo de la historia dominicana.
Un sistema trujillista no puede ser empleado dizque para impedir que el trujillismo se reinstaure en el país. Si existe tal azarosa posibilidad, entonces habría que concluir que tenemos una democracia muy frágil. El precedente de la censura es nefasto y solo contribuye a servir de propaganda gratuita para incentivar la venta y la lectura del libro de Angelita.
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