Es un hecho, confirmado por un sinnúnero de casos y situaciones, que la frontera con Haití ha sido utilizada para el trasiego de drogas, el tráfico de personas y el contrabando de armas y vehículos robados.
Con sus altas y sus bajas, estas graves anomalías se han mantenido en el tiempo, a pesar de los controles y reforzamientos de la vigilancia por parte de las autoridades. Negar esto es tan inútil como querer tapar el sol con un dedo.
Para evadir los controles fronterizos se necesitan complicidades y éstas requieren, necesariamente, un nivel en función del volumen y naturaleza del contrabando y las prácticas ilícitas.
El Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza Terrestre (Cesfront) ha rechazado el informe de la Comisión de Asuntos Fronterizos de la Cámara de Diputados, que atribuye a esa unidad militar una colaboración corrupta con el contrabando de migrantes, drogas y armas desde Haití.
La imputación hecha por la comisión fronteriza es muy grave y merece ser dilucidada más allá de una declaración de prensa. El Cesfront, por su parte, tiene derecho a defender la integridad de sus miembros, pero haría bien en ser aun más riguroso en la vigilancia del comportamiento que éstos observan.
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