Acinco meses del atentado en Santiago contra el comentarista Jordi Veras, el hecho criminal continúa sumido en un manto de misterio, a pesar de las investigaciones realizadas por las autoridades policiales y judiciales.
Aunque su padre, el reputado jurista Negro Veras, aún confía que esas pesquisas logren esclarecer esa tentativa de crimen, es evidente la frustración que sufre junto a su familia al no poder decir a la opinión pública que el caso de su hijo está resuelto.
Su angustia, aflicción y dolor es compartida por la sociedad santiaguera, en vista de la recta trayectoria de la familia Veras y del comprensible temor de que la impunidad en una acción de esta naturaleza pueda alentar la comisión de otros atentados.
A propósito de la nueva exposición pública de don Negro, volvemos a preguntarnos, esperando obtener en algún momento alguna respuesta satisfactoria: ¿qué ha impedido hasta ahora reunir el conjunto de elementos de prueba que sirvan para elaborar un expediente debidamente sustentado contra todos los responsables?
El drama de incertidumbre que sufre es agobiante porque, además del daño físico y emocional, como guía de una familia de juristas sabe mejor que nadie, que “justicia retardada es justicia denegada”.
Comentarios (0)