El mar representa un inmenso potencial que, bien conocido y adecuadamente explotado, puede contribuir al desarrollo humano y a la pujanza económica de cualquier nación.
De ahí que sea inexplicable que un país insular como la República Dominicana haya vivido durante décadas prácticamente de espaldas al mar, enfocada más al disfrute de las playas.
Por ejemplo, deberíamos tener en el mar una fuente apreciable de nutrientes, con pescados a precios asequibles y no prohibitivos. La Autoridad Nacional de Asuntos Marítimos tiene en éste y otros importantes aspectos una gran tarea por delante.
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