En el país todavía persiste descreimiento acerca de la efectiva búsqueda de soluciones a casos que son puestos en manos de comisiones.
La incredulidad es fruto de experiencias del pasado, cuando procesos de relevancia se diluían en prolongadas recopilaciones de informes que no permitían un oportuno esclarecimiento. El descrédito fue de tal magnitud que se decía que se creaba una comisión cuando no había una real intención de aclarar algo.
Nadie confiará en las comisiones mientras sus resultados descansen básicamente en voluminosos expedientes que terminan en olvidados almacenes de papeles.
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