El desayuno escolar tiene que ser preservado como una gran conquista social en favor de miles de niños pobres que acuden a las escuelas públicas.
Hay que adoptar cuantas medidas sean necesarias para dar un corte radical a la inestabilidad a que ha estado sometido con reiterados y hasta ahora inexplicables episodios de intoxicaciones que amenazan con hacerlo colapsar, y todo por supuestas luchas de intereses.
Ahora que por fin el caso es asumido por la Procuraduría General de la República, es de esperar que el desayuno escolar pueda recuperar la confianza perdida, caiga quien caiga.
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