La República Dominicana tendrá que “hilar fino”, como se dice en el lenguaje popular, para llevar una buena estrategia de defensa ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), luego de que Costa Rica formalizara una demanda al país por alegada violación al tratado de libre comercio con América Central.
El tiempo apremia, ya que existe un plazo perentorio de 10 días para que el Gobierno dominicano presente sus argumentos, lo que al parecer será determinante en el curso que el proceso tomará en ese organismo internacional.
Al depositar su queja en la OMC, Costa Rica demostró que su amenaza no era una simple bravuconada, aunque su ministerio de Comercio utilizó en medio del diferendo un lenguaje destemplado e inaceptable, al afirmar que procedería “por las buenas o por las malas”.
La situación creada no es como para salir corriendo, pero tampoco para desconocer que el país está realmente ante un serio embrollo y que, aun en medio de una urgente coyuntura, necesita meditar bien lo que argumentará para no exponerse a un traspié.
En este esfuerzo se debería incorporar a los técnicos más calificados del sector privado, porque lo que está en juego es algo crucial para la imagen y credibilidad del país ante la comunidad económica internacional.
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