En un mundo desgarrado en algunas latitudes por guerras, conflictos y actitudes particularistas, los chilenos han dado un ejemplo de amor y solidaridad con el apoyo dado a los mineros que durante 70 días estuvieron atrapados a 622 metros de profundidad en el desierto de Atacama.
Esto se ha manifestado de manera más intensa, emotiva y elocuente en el ámbito latinoamericano, ya que jefes de Estado llamaron al presidente Sebastián Piñera para agradecer la gran lección que Chile ha dado a sus hermanos del hemisferio.
Luego de recibir con un fuerte abrazo a Luis Urzúa, el último de los mineros sacados a la superficie, el gobernante agradeció a Dios y a sus compatriotas por haber ofrecido un “ejemplo de compañerismo, coraje y lealtad”, inspirados por la fortaleza y la solidaridad dada por mineros durante un drama que parecía interminable.
“No olvidaremos nunca la angustia, las emociones y finalmente la alegría cuando sacamos al último de los mineros”, dijo Piñera con voz por momentos entrecortada y ojos humedecidos, al resaltar la unidad exhibida por su pueblo frente a un episodio que captó la atención a nivel internacional.
A lo largo del prolongado proceso de preparación para el rescate de los trabajadores, que quedaron atrapados durante un derrumbe en la mina San José, hubo mucho cansancio y ansiedad, pero la esperanza de rescatarlos con vida nunca decayó.
La hermandad latinoamericana tiene en la feliz conclusión de este acontecimiento una gran experiencia para fomentar el diálogo, la convivencia armoniosa y la búsqueda de la paz y la solidaridad, así como la solución pacífica de los diferendos.
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