La intoxicación de 28 niños en el desayuno escolar servido en un plantel de Cotuí pone nuevamente al descubierto la incapacidad que han tenido las autoridades de hacer una investigación a fondo, que permita esclarecer las causas de esta deficiencia, que se repite de manera cíclica.
A pesar de las graves y reiteradas sospechas de Educación de que se han movido manos criminales por supuestas luchas de intereses, nada se ha logrado hasta ahora para establecer responsabilidades.
¿Acaso será necesario que algún niño bordee un peligro mortal para que se desentrañe este misterio y se eviten nuevas intoxicaciones, inducidas o fortuitas?
Comentarios (0)