El sector privado, a veces incomprendido desde el ámbito del Estado y objeto de críticas no siempre justas y equilibradas, contribuye al desarrollo del país y tiene una función trascendente cuando, además de la satisfacción de sus legítimos intereses, hace aportes significativos en tareas que propiamente corresponden a la administración pública.
El sector privado de Santiago ha dado un ejemplo admirable en ese sentido, según acaba de reconocer el alcalde de Santiago, Gilberto Serulle. Ese apoyo es valioso porque beneficia a la segunda ciudad del país.
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