La sensación de que hay una ausencia de autoridad efectiva en algunos estamentos y de que la cacareada institucionalidad no deja de ser una palabra que los hechos desmienten a diario, tiende a acentuarse con casos como el del recluso Jimmy Oliver, acusado de narcotráfico, que se fugó cuando era trasladado de regreso a la cárcel y que parece salió del país sin mayores dificultades.
Esta percepción aumenta en la población porque muchos casos como éste se quedan en el limbo y ninguna autoridad se ocupa de darle seguimiento con rigor y seriedad.
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