Hoy, 25 de septiembre, es inevitable recordar un día triste para la democracia dominicana. El derrocamiento del gobierno constitucional del profesor Juan Bosch, elegido libérrima y abrumadoramente.
Aquel acontecimiento ha sido explicado desde el punto de vista de la historia y de la sociología, pero desde cualquier perspectiva resalta el hecho cierto de que se constituyó en una estocada al primer intento democrático de tiempos relativamente modernos, después del final de la tiranía de Trujillo.
Se ha dicho que el temperamento de Juan Bosch minó su permanencia en el poder, pero resulta innegable que contra el gobierno democrático de 1963 se instaló desde antes de la juramentación toda una oposición que condujo al derrocamiento del gobierno legítimo.
Elementos que se acostumbraron al poder desde la tiranía. Intolerantes tradicionales anidados en los engranajes de la oligarquía que no pudo heredar el solio que había perdido el tirano, sectores del clero que temían a las ideas libertarias y de justicia social pregonadas por Bosch, aupados por los medios de comunicación de la época que no entendían la nueva democracia predicada por el Presidente y el asustado imperio que había visto surgir un gobierno rebelde en el Caribe, decretaron desde el primer día el fin del ensayo democrático.
Encontraron terreno fértil en unas Fuerzas Armadas bajo el influjo del trujillismo y la influencia de Estados Unidos.
El costo de aquel golpe fue terrible para la nación dominicana. Quebrada la institucionalidad, el rumbo del país fue incierto. Aquellos hechos condujeron a un estado de corrupción generalizada y a un clima de opresión.
La respuesta de los dominicanos que creían en la democracia, más un sector liberal de las Fuerzas Armadas que se mantuvo fiel a las ideas sustentadas en la Constitución de 1963, esperó hasta abril de 1965. Entonces, el pueblo dominicano fue llamado a la rebelión para derrotar el Triunvirato.
Estados Unidos invadió el país para “evitar otra Cuba”. Miles de dominicanos murieron en aquellos hechos. El sueño de retorno a la constitucionalidad fue frustrado, pero las ideas de justicia social prevalecen.
Volver la mirada al 63 tiene sentido para no repetir los errores y reafirmar a la sociedad dominicana en la vigencia de la ley, la justicia social, la tolerancia, y especialmente, en que la legitimidad se fundamenta en la soberanía popular.
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