El presidente Leonel Fernández abordó ayer en la ONU un tema que, dada su naturaleza y alta peligrosidad, constituye uno de los problemas que más angustia a la comunidad internacional.
El gobernante no se limitó a una simple referencia pasiva o derrotista acerca de los antecedentes y la situación actual de la creciente amenaza de las drogas y el narcotráfico, sino que hizo también advertencias y planteamientos muy concretos y oportunos.
Aunque admite que se trata de una cuestión muy difícil, entre otras cosas por el gran poderío económico y los métodos crueles que utiliza el crimen transnacional, Fernández considera que es posible enfrentar y vencer todo lo que representa este flagelo.
Para ello estima que, en primer término, se impone un real compromiso a escala global y una auténtica voluntad política en los distintos gobiernos, algo que ha faltado notoriamente en algunos países del hemisferio permeados en sus estamentos de poder.
Cuando describió el modus operandi del narco como el secuestro, el sicariato, la tortura, la decapitación y los ajustes de cuenta, el Presidente se refiría no solo a un mal lejano, sino a la barbaries que el crimen organizado ha comenzado a instaurar en el país.
Es hora, pues, de reaccionar con voluntad y firmeza, aquí y en todas las latitudes del orbe, antes de que sea demasiado tarde.
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