La niñez desvalida, que proviene de hogares en crisis o prácticamente inexistentes, no solo sufre precariedades de todo género, sino que al deambular en las calles se expone a muchos peligros, además de ser blanco de perversidades.
Este penoso fenómeno social no es nuevo pero ha ido en aumento en Santo Domingo y otras poblaciones del país, sin que hasta ahora se le haya prestado la atención que requiere, a pesar de la existencia de entidades de muy meritorios servicios en favor de la infancia.
En Santiago, por ejemplo, los hogares de paso comienzan a resultar insuficientes ante el incremento de niños que se ven obligados a realizar trabajos y a pedir dinero a los conductores, en lugar de recibir docencia en alguna escuela.
La situación llega a extremos desgarradores con las historias de niños y jovencitos que, en medio de su indefensión, son violados, abusados sexualmente y hasta utilizados por traficantes de videos pornográficos.
Esto provoca graves daños físicos y emocionales de larga y difícil recuperación, por lo que urge que, además de ponencias en seminarios y declaraciones de intenciones, las autoridades actúen de forma firme y sostenida para ir en rescate de estos infantes.
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