La búsqueda de la verdad, que es uno de los imperativos básicos en el buen ejercicio periodístico, constituye a la vez una de las principales fuentes de peligro para medios y comunicadores que se empeñan en llevar al público temas relevantes de interés general, aunque molesten a algunos sectores.
Oponerse a la mentira y desentrañar la realidad de anomalías y perversidades que algunos tratan de ocultar ha tenido un alto costo, como lo demuestra el hecho de que más de 620 periodistas han sido asesinados en los últimos 20 años por trabajar sin favor ni temor y con apego a la verdad.
El dato figura en el libro “Matar a un periodista. El peligroso oficio de informar”, desl escritor estadounidense Terry Gould y basado en la historia y las experiencias de siete comunicadores.
El peligro para los periodistas, que provenía hace varias décadas principalmente de las dictaduras, ahora es generado también por el narcotráfico, la corrupción administrativa y gobiernos intolerantes que contradicen con sus actuaciones su esencia democrática. Pero la verdad deberá siempre imponerse a la mentira y el periodismo libre e independiente nunca renunciará a su compromiso con los mejores valores e intereses de la sociedad.
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