En medio de los malos ejemplos y del predicamento pernicioso que tienta e inclina a jóvenes a descarriarse y caer en la delincuencia, alienta saber que una gran parte de la juventud está bien orientada hacia nobles causas de provecho social.
Los adolescentes y jovencitos que el pasado sábado partieron de la Casa San Pablo para llevar a las calles un mensaje de aliento y solidaridad basado en la oración, son un ejemplo de lo que se puede lograr con las nuevas generaciones cuando son guiadas con pautas admirables.
En lugar de dedicarse al ocio o la diversión en uno de los días de asueto escolar de fin de semana, jovencitos y jovencitas se dedicaron a enarbolar pancartas en que preguntaban a automovilistas y transeúntes si querían que oraran por ellos y por sus familias.
Además de un laudatorio mensaje de solidaridad cristiana, era también una motivadora invitación a la meditación que tanto se necesita en el tiempo presente, sometido a una amenaza conjunta de descarríos y malos ejemplos.
Con su hermosa demostración, estos jovencitos demostraron cómo fructifican los valores inculcados para vencer el particularismo y constituir un valladar al hedonismo y las tentaciones.
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