Los enemigos de la libertad de expresión y difusión del pensamiento, que a veces se esconden inútilmente en frágiles ropajes democráticos, emplean diversas formas en su empeño por obstaculizar el libre ejercicio periodístico.
Otrora eran los censores que usaban las dictaduras, principalmente las militares. En su obsesiva intolerancia eran no solo capaces de acallar periódicos, sino también de asesinar periodistas.
A la amenaza de gobiernos de mentalidad autoritaria en el hemisferio se suma ahora el narcotráfico, que recurre a la agresión armada cuando no puede silenciar a los medios que enfocan críticamente este terrible flagelo y sus nocivos efectos sociales.
Los medios están expuestos también a ataques cibernéticos como el que afectó el pasado jueves el portal digital de El Caribe y que es investigado por el Departamento de Crímenes y Delitos de Alta Tecnología de la Policía Nacional.
Quisiéramos pensar que el ataque a nuestra web fue producto de alguna travesura de un “hackers” aislado, de esos que se dedican a retar con su capacidad informática la vulnerabilidad de las páginas de la Internet y no de una artera acción dirigida por algún sector molesto por nuestra línea editorial e informativa.
De cualquier forma, son atentados a la libre difusión del pensamiento y estaremos vigilantes junto a las autoridades para determinar de dónde provienen.
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