Los grandes charcos que se formaron ayer en Santo Domingo después de un aguacero que fue intenso pero de corta duración, volvieron a subrayar penosamente la indefensión de la ciudad frente a la lluvia por la falta de drenaje y los serios trastornos que causan a un tránsito que, sin esa circunstancia, está ya bastante enmarañado.
Esta deficiencia es tan vieja que ha dejado de ser noticia, pero complica la existencia a muchos conductores que tan pronto llueve, saben el infierno que les espera en las calles. ¿Cuándo logrará prioridad la construcción de un gran drenaje pluvial?
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