La autoridad y la dignidad de las personas e instituciones se afirman en el respeto y la fe que inspiran a sus conciudadanos.
La autoridad que no inspira respeto ni fe en sus discursos y actos, se descalifica frente a los demás.
Se puede poseer todo el poder que dimana de una función o de un cargo previsto en la ley, pero si esa autoridad no obra en atención a los atributos propios de la dignidad que el puesto conlleva, pierde su condición.
Para la ostentación de la autoridad se requiere autenticidad e integridad, cartas claves para cumplir con propiedad la misión encomendada. Es lo que garantiza el aprecio público, la confianza ciudadana.
Con todo lo que se está viendo en República Dominicana es fácil colegir que la credibilidad ha hecho crisis y la desconfianza explosiona dramáticamente en los ánimos ciudadanos, que no saben dónde residen los valores más caros para la convivencia social.
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