Nada refleja mejor el estado de la economía que el comportamiento de la tasa de cambio, sobre todo la predominante en República Dominicana, que es el dólar estadounidense. Sólo habría que retrotraerse a aquel tormentoso período de la crisis financiera, cuando la tasa de cambio llegó a remontar a niveles increíbles.
Cuando la tendencia de los precios se caracteriza de manera persistente por una estabilidad relativa, es porque el tipo de cambio de la moneda se comporta del mismo modo.
Por ello, los responsables de las políticas monetarias suelen ser muy celosos con una cuestión tan sensible para la economía. Naturalmente, el mercado tiende a regularse por sí mismo y difícilmente una información infundada pueda modificar la realidad.
La economía dominicana muestra una estabilidad que ya pocos se atreven a dudar. Podrán producirse discusiones respecto al sentido de la distribución del ingreso, la baja generación de empleos y la falta de equidad social. Pero la estabilidad cambiaria y la baja inflación son una realidad que todos debemos cuidar.
Resulta muy oportuna la intervención del gobernador del Banco Central para precisar que no existen factores que puedan determinar cambios ascendentes en la cotización del dólar. Durante lo que va de año apenas se ha depreciado en un dos por ciento, por debajo de la inflación acumulada desde enero a julio. No más de un 3.22 por ciento.
Además, el gobernador ha señalado que el Banco Central dispone de US$2,000 millones de reservas, con las cuales garantiza la estabilidad de la tasa de cambio.
Los consumidores dominicanos y el sector productivo deben sentirse tranquilos con estas afirmaciones. La esperanza es que, pese a los déficits acumulados, las grandes demandas del sector eléctrico que serán cubiertas a través de recortes en los programas de gastos e inversiones de varias instituciones públicas, este año termine con la misma tendencia que hemos visto hasta ahora.
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