Los presidentes de Colombia y Venezuela, Juan Manuel Santos y Hugo Chávez, restablecieron relaciones entrambos países.
Una decisión que debe sepultar las tensiones. Las relaciones del ex presidente Álvaro Uribe y Chávez fueron terribles. A veces aceptables, pero mayormente difíciles. Santo Domingo fue escenario de una sensible mejoría de las mismas por iniciativa del presidente dominicano, Leonel Fernández, durante la Cumbre del Grupo de Río en 2008.
Aquella vez también estaban muy tensas las relaciones entre Colombia y Ecuador, por el bombardeo de que fue objeto un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) en territorio ecuatoriano. Durante ese ataque, el hoy presidente Santos era el ministro de Defensa. Ecuador rompió relaciones con su vecino y la normalización no ha dejado de ser un proceso tortuoso. Todavía el gobierno de Ecuador mantiene abierta una investigación sobre esos hechos.
Pero el deterioro de los vínculos entre Colombia y Venezuela fue progresivo, después de que Uribe autorizó la instalación de bases militares norteamericanas en su país. Y la acusación de que Venezuela protegía integrantes de las FARC, ya formalmente denunciado ante la Organización de Estados Americanos (OEA) fue el detonante del último rompimiento.
El encuentro de ayer de los presidentes de Colombia y Venezuela abre un nuevo capítulo. Pese a que Santos viene del equipo de Uribe, parece dispuesto a cambiar el curso de los acontecimientos.
Conservador en un entorno latinoamericano muy marcado por las corrientes del llamado “socialismo del siglo XXI”, bajo el influjo de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), más el valor de su vecino Venezuela, importante mercado en el que Colombia colocó en 2009 mercancías por 2,700 millones de dólares, actúa con inteligencia al replantear los términos de las relaciones bilaterales.
La otra materia, la presencia de militares norteamericanos en Colombia, tendría que ser vista en un mundo donde los negocios y los intereses nacionales no pueden ser afectados por propósitos hegemónicos de una validez cuestionable.
El tema de las FARC, que es una fuente de inestabilidad en Colombia, aunque no sea materia formal de una agenda bilateral, difícilmente estuvo ausente durante el diálogo de ayer.
Lo importante es que el encuentro de los mandatarios muestra que con voluntad todo es posible. Los pueblos celebran este nuevo temperamento entre Colombia y Venezuela, naciones amigas, hermanas de República Dominicana, unidas por la historia y por la economía, cada vez más interdependientes, en la era de la globalización.
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