Dentro de pocos días Haití verá cumplirse el octavo mes de su tragedia agravada. La mayor parte de los problemas siguen ahí. Las necesidades fueron debidamente identificadas y algunas naciones han tomado iniciativas, pero el mundo no actúa con la celeridad que necesitan los haitianos.
Para un conglomerado como el haitiano, que antes del terremoto del 12 de enero vivía en la pobreza más abyecta, ese día descendió al lado más profundo del abismo.
Todavía los escombros siguen marcando a Puerto Príncipe. Más de un millón y medio de personas continúan aglomeradas en las carpas.
Imaginemos aquello, ocho meses después. Si era muy difícil al principio, ahora es peor. Los problemas multiplicados. No existen sistemas de suministro de agua. La que llega es escasa e inadecuada para el consumo humano. Ningún sistema de drenaje sanitario, agravado por los lastres culturales. No hay oferta laboral. Conseguir alimentación es una pesadilla cotidiana. Las implicaciones sanitarias son aterradoras. Eso no es vida. Rompe el alma. Tantas personas con ese nivel de existencia. No puede ser.
El mundo tiene que actuar con mayor celeridad. Las celebridades que acudieron a ver aquél desastre no deben olvidar. El mundo, que se comprometió a ayudar Haití, tiene que pensar en los niños que sobreviven en esas condiciones, sin posibilidad siquiera de comer, acudir a las escuelas y recibir servicios de salud.
Definitivamente, ya el tema no es que los haitianos sean capaces o no de autogobernarse. La tragedia es demasiado grande. Desbordó todo. Ni siquiera el concurso de los grandes países pudo reponer el orden mínimo en poco tiempo. Es claro que toca al Mundo, a los más poderosos, mantener el compromiso.
Fueron identificados programas por más de diez mil millones de dólares para devolver a Haití una normalidad mínima en un plazo de diez años. Cinco mil 300 millones de dólares deben ser desembolsados prontamente. Pero hasta ahora sólo cinco países han hecho aportes contables importantes: Brasil, Noruega, Australia, Colonia y Estonia, 506 millones. La ayuda dominicana no entra a esa contabilidad, pero ha sido importante. Seguimos recibiendo grandes flujos de haitianos que sobreviven aquí y envían algunas cosas a sus hermanos. El Estado dominicano ha hecho cuanto ha podido y sigue haciendo.
Insistimos: El drama haitiano requiere acción más urgente. El presidente Barack Obama ya firmó la ley mediante la cual se aprueban 770 millones de dólares para Haití. Los legisladores de ese país deben acelerar los trámites para que ese dinero llegue a sus destinatarios. Otros países ricos tienen la obligación moral de hacer lo mismo por una nación en el abismo.
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