¡Qué pena que en el siglo 21 en República Dominicana los desechos sólidos sean materia obligada, que incluso los diarios tengan que hablar de ella con alguna frecuencia! Y eso es irritante. Que en 518 años los habitantes de un lugar que hoy se llama República Dominicana hayan sido incapaces de manejar adecuadamente sus desechos, un asunto que la generalidad de los pueblos del mundo hace tiempo resolvió.
Es verdad que hay muchos problemas no resueltos, y si lo enumeramos tendríamos una larga lista. Pero ninguno es más degradante que la incapacidad dominicana para manejar una cosa tan elemental como la basura. ¿Retratará esa cuestión el alma nacional? Nos resistimos a admitirlo, porque el orgullo nos lo impide. Quizás esa insuficiencia está vinculada a lo que somos hoy.
Estas palabras podrían resultar duras, pero deben ser presentadas a la consideración ciudadana. Hablar de la basura es tan desagradable, pero ella nos ahoga y es un asunto del país. ¡Qué doloroso! ¿Verdad que sí? Pero tenemos que reconocer la cuestión y plantearla para una vez más decir que debe ser resuelta. Y fíjese, que esa cosa fea que mal manejada o mal dispuesta es fuente de muchas enfermedades, siempre ha sido una oportunidad.
Los desechos son una fuente de energía, que tanto la necesitamos. Los desechos son un recurso muy eficiente para renovar la tierra. De los orgánicos se pueden obtener magníficos fertilizantes que ayudan a mejorar la calidad de los cultivos y de la alimentación. También los desechos no degradables como los plásticos pueden ser reciclados y retornar a las manos de los pobladores. Pero hoy son un tremendo problema en campos y ciudades. Tapan los drenajes y dañan los ríos.
Pero toda esa parte fea de los desperdicios está vinculada a la cuestión aquella: ¿Refleja la incapacidad de quiénes? En primer nivel se podría culpar del inadecuado manejo o administración de la basura a los alcaldes, responsables directos, pero también habría que pensar en la ciudadanía, tanto por lo que hacemos cada uno con los desperdicios, o por la falta de calidad de las decisiones políticas cuando ejercemos el derecho al sufragio. Entonces todos somos responsables, cuando como individuos lanzamos los desperdicios en cualquier lugar o cuando escogemos irresponsables para dirigirnos.
Ahora se habla de la basura producida por la transición municipal, pero muchísimos alcaldes están repitiendo y en sus jurisdicciones la basura apesta y ahoga a la población.
¡Qué doloroso que hayamos dedicado nuestro tiempo para abordar una cuestión que nos avergüenza, que no hemos podido resolver, desde los tiempos coloniales!
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