El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció que el 31 agosto cesan sus acciones bélicas en Irak. Una magnífica noticia que el mundo sensato ha recibido con alivio.
Es una guerra que nunca debió empezar. Pero en 2003, Estados Unidos y Gran Bretaña tenían sus planes muy elaborados. Lanzaron un ataque bestial para desalojar a Saddam Hussein del poder, con el falso pretexto de que su régimen tenía una industria de armas químicas para atacar a Occidente.
El argumento de las armas químicas, que nunca fueron verificadas o comprobadas por técnicos de las Naciones Unidas, sirvió para el afán de George Bush y su administración de tener un gobierno afín en esa importante zona del Golfo Pérsico, con sus extraordinarias reservas petroleras.
La humanidad quedó convencida de que la campaña de Estados Unidos tenía un propósito económico y de expansión conveniente a la industria armamentista. Sin embargo, la aventura ha sido cara para la gran nación norteamericana, en pérdidas de vidas y miles de millones de dólares, con un grave impacto en su economía. Una guerra que erróneamente fue concebida por Bush para ser ganada en unas cuantas batallas, al extremo de que el primero de mayo de 2003, mes y medio después de su inicio, declaró que la misión había sido cumplida. Uno de los objetivos específicos, capturar a Hussein, apenas pudo lograrse 9 meses después.
Desde marzo de 2003 Irak no ha podido encontrar la paz. Todavía la violencia predomina. El pasado mes de julio cerca de 400 civiles, 89 policías, 50 soldados y 1,055 insurgentes fallecieron, a consecuencia de la inestabilidad reinante, agravada por el hecho de que los grupos de poder no han podido ponerse de acuerdo para formar gobierno.
Irak va para largo. Lo mejor que ha podido hacer Obama es acogerse a su promesa de campaña: Finalizar la guerra. Pero quedarán muchos cabos sueltos que el presidente Obama aspira empatar. El camino será difícil, pero lo importante es su apuesta por la paz. Lamentablemente, el anuncio del fin de los combates se produce con la agenda abierta en otra guerra heredada: Afganistán.
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