La supresión de la expresión “información veraz” de un texto de la reforma constitucional despeja una gran inquietud que, con razones más que justificadas, había surgido entre periodistas, medios y defensores de la libre expresión y difusión del pensamiento.
Hay que saludar la actitud reflexiva de los señores asambleístas de diferentes bancadas partidarias ante las pertinentes advertencias planteadas por un grupo de reconocidos periodistas y compartidas por los ciudadanos interesados en que no perezcan prerrogativas fundamentales para el estado de derecho y el disfrute de las libertades públicas.
Aunque la veracidad es un imperativo ético y el buen periodismo debe buscarla o por lo menos tratar de aproximarse a ella mediante la verificación exhaustiva de todo cuanto difunda, la reforma en cuestión constituiría en la práctica una amenaza al libre ejercicio profesional.
De consagrarse en la Constitución, se habría abierto la posibilidad de que desde instancias oficiales se pudiera dictaminar -no sabemos bajo qué criterios, intereses o fines deliberados- cuándo una nota periodística reúne o no las condiciones de la llamada “información veraz”.
Esto podría a su vez crear las condiciones para el resurgimiento de la odiosa figura del censor, lo que impediría la práctica de un periodismo serio, responsable y comprometido con la difusión de informaciones de interés general.
El firme y rápido rechazo a cualquier iniciativa que tienda a coartar de algún modo la libertad de expresión demostró la clara conciencia que existe en el país sobre los peligros de exponerse a mordazas para reducir el periodismo a un ejercicio banal y complaciente.
La República Dominicana necesita seguir contando con medios y periodistas comprometidos con la difusión de noticias y opiniones de interés general que puedan contribuir a la democracia y a la libertad de conciencia.
Estamos, pues, ante un triunfo no solo de los periodistas sino de la sociedad y de la ciudadanía en general, que debe defender su derecho a expresarse sin cortapisas y a ejercer el libre juego de las ideas en un ambiente de democracia plena.
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