La progresiva destrucción de antiguas edificaciones en el centro de Santiago para dar paso a parqueos y otras edificaciones, constituye un verdadero crimen al patrimonio cultural y arquitectónico de la Ciudad Corazón.
Si esta tendencia no se detiene, dentro de poco este invaluable activo histórico habrá sido totalmente aniquilado, en medio de conveniencias económicas y de una indiferencia colectiva.
Los propietarios de edificios con estilos republicano, neoclásico y tropical antillano deberían estar sujetos a las leyes sobre patrimonio cultural para no disponer de esos inmuebles a su antojo y sin observar ningún tipo de regulación.
Es comprensible que la ciudad de Santiago necesita parqueos para satisfacer las necesidades de su creciente parque vehicular, pero esto no puede hacerse a costa de destruir auténticos tesoros culturales.
El proceso de desaparición ha sido lento pero sostenido y los dueños de esas edificaciones se las arreglan para obtener permisos y proceder de inmediato a la demolición.
El ex director de Patrimonio Monumental, Alejandro Carrasco, estima que desde el año 2000 a la fecha, suman 41 los inmuebles destruidos en el llamado Centro Histórico de Santiago.
Las autoridades del área deben actuar para impedir que continúe este atentado al patrimonio cultural.
Comentarios (0)