Las autoridades de inteligencia y antinarcóticas de República Dominicana y Puerto Rico tienen que estar alertas y emplearse a fondo para prevenir nuevos hechos sangrientos entre capos de ambas islas que se disputarán ocupar el vacío dejado por el arresto de José Figueroa Agosto.
La advertencia, que no tiene nada de peregrina, pues se basa en antecedentes en este tipo de coyunturas criminales, la acaba de formular Javier F. Pena, agente especial a cargo de la división del Caribe de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) por sus siglas en inglés.
Ahora que Figueroa Agosto está nuevamente detrás de las rejas, luego de una intensa búsqueda que parecía interminable, autoridades de la región temen que se desate un “baño de sangre” por una guerra entre mafiosos que querrán sucederlo.
Para fundamentar tal pronóstico en su experiencia como investigador, dijo que Figueroa Agosto era el líder de su organización y que “cuando cae el capo, su gente se pelea entre sí para tomar el control. En cualquier momento va a empezar a correr la sangre”.
Aun con este tipo de previsión, que por su carácter siniestro no debe ser desestimada, a las autoridades domínico-puertorriqueñas no les resultará nada fácil impedir estos eventuales enfrentamientos, pero sí pueden adoptar algunas medidas y una reforzada vigilancia para actuar oportunamente.
El intercambio de información y la colaboración estrecha entre las policías de Puerto Rico y República Dominicana, en coordinación con la DEA, el FBI y el US Marshals, pueden ayudar a articular alguna suerte de plan preventivo, porque la alerta está dada y proviene de una fuente competente.
En lo que respecta a las pesquisas que deben derivarse en el país de las informaciones que Figueroa Agosto pueda ofrecer a la Justicia puertorriqueña, es tranquilizadora la categórica afirmación del presidente Leonel Fernández, de que “no habrá vacas sagradas” en ese y otros casos de transgresión a la ley.
Aún así, la opinión pública seguirá atenta a la evolución de este caso, porque como ha advertido el superintendente de la Policía de Puerto Rico, hay muchos cabos sueltos y gente de saco y corbata temblando por lo que pueda “cantar” Figueroa.
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