La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) no ha tenido descanso en las últimas semanas, debido a la preocupante situación de la libertad de prensa en la región ante la persistencia de los casos de asesinatos de periodistas y de "persecución legal" a los medios.
A pesar de que Hugo Chávez y su régimen se empecinen en negarlo, lo cierto es que el acoso a la prensa independiente ha llegado allí a graves extremos y hay claras evidencias de que desde Venezuela se está "abanderando" una línea que busca el "control de la información".
La descripción más crítica y descarnada sobre este panorama la ofreció Gonzalo Marroquín, segundo vicepresidente de la SIP, al afirmar que “el presente es aterrador, pero el futuro parece que puede ser peor, porque hay tendencias que se replican de un país a otro".
Sus palabras en este aspecto comenzaron a ser escuchadas en la República Dominicana con un reflejo local sumamente inquietante por varias iniciativas en curso que atentarían contra la libertad de expresión y difusión del pensamiento, aunque hasta ahora no hay constancia de que obedezcan a influencia foránea.
Es obvio, empero que, independientemente de las diferencias de lugares y circunstancias, en todas estas manifestaciones hay un denominador común: el propósito de silenciar a la prensa que actúa con independencia, a fin de que no se ariesgue a tocar temas que puedan incomodar a los poderes públicos.
Medios y periodistas dominicanos han reaccionado con prontitud y energía para rechazar los intentos de reformar la ley de Libre Acceso a la Información Pública y la inclusión del término “información veraz” en un texto de la reforma constitucional.
La situación en la región es de tal gravedad que la SIP se vio obligada a adelantar gestiones antes de su Asamblea General de noviembre y hacer un diagnóstico sobre la situación de la libertad de prensa en el foro de emergencia que realizó la asociación de dueños de medios de las Américas en Caracas.
Sin embargo, es reconfortante saber que tanto en Venezuela como en la República Dominicana los periodistas muestran una actitud inclaudicable de rechazo a la autocensura.
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