La imprevisión o renuencia de la gente a tomar medidas preventivas cuando el país está bajo los efectos de intensas lluvias y con pronósticos de tormentas o nuevos torrenciales ha sido en el pasado fuente de muertes, tragedias y daños que de algún modo pudieron ser de menor dimensión.
En situaciones de este tipo ha sido una constante casi invariable la resistencia de pobladores y lugareños a ser evacuados preventivamente, aun a sabiendas de que un distanciamiento a tiempo puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
En otras ocasiones prácticamente no hay tiempo para reaccionar ante la forma repentina en que el caudal de ríos y arroyos aumenta en períodos de lluvias torrenciales, como el que afecta en este momento gran parte del territorio nacional, que ha desplazado a más de 3,000 personas en diferentes regiones.
También hemos tenido casos de inexcusable negligencia por parte de autoridades que no han adoptado las medidas pertinentes y con la prontitud debida y, según se estableció en un reciente seminario institucional, todavía persisten debilidades en los programas preventivos y de contingencia.
Afortunadamente, en esta oportunidad y a pesar de esas fallas estructurales, el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) ha estado muy activo en las labores de información y prevención a los pobladores de las zonas más vulnerables.
Hay que destacar, además, la eficiencia y celeridad con que la Oficina Nacional de Meteorología mantiene informada a la población acerca de la evolución de los fenómenos naturales, en este caso con un constante moniroteo a la onda tropical ubicada sobre Haití y su previsible desplazamiento hacia nuestro país.
A los ciudadanos toca, por su parte, seguir con atención y precisión estos informes y conocer en cada caso el alcance de las alertas para, sin pánico ni precipitaciones, pero con la debida conciencia, salvaguardar vidas y propiedades.
Es probable que en alguna medida se logre este trascendente objetivo si con prudencia e inteligencia acogemos aquel sabio axioma que aconseja: “Es mejor prever que tener que lamentar”.
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