En estos momentos de tribulaciones por los que atraviesas junto a tu familia, debido al atentado contra la vida de tu hijo Jordi, te envío este mensaje de solidaridad y aliento con la esperanza de que pueda ayudarte a aumentar la fortaleza espiritual que se requiere cuando enfrentamos las imprevisibles vicisitudes que en ocasiones nos deparan esos golpes terribles del destino.
Conozco tu trayectoria de probada reciedumbre, que ha estado presente a lo largo de tu vida como exponente de valentía frente al abuso y la represión, tu lucha contra la tiranía junto a los panfleteros de Santiago, tu lucha contra los gobiernos de herederos del tirano en la cual, más de una vez, estuviste a punto de perder la vida, como aquella vez que te dieron por muerto después de apalearte sin misericordia y arrojarte al pavimento desde un balcón, desde un segundo piso, durante unas jornadas de protesta ciudadana en la misma ciudad de Santiago.
Con todo, sé que la presente coyuntura es la más difícil que has tenido que enfrentar, porque esta vez te han golpeado en la parte más sensible, no en tu coraza de luchador sin tregua, sino en tu amor de padre, el que todos sentimos en carne propia, por ti y tu familia.
Has sido estremecido en estos dolorosos días por el atentado de que fue objeto tu hijo Jordi, y el impacto emocional que ha producido se ha extendido a todos aquellos que como yo te queremos y admiramos.
La legión de amigos que te has ganado en buena lid por tu solidaridad y la forma íntegra y vertical con que actúas tanto en la vida pública como privada, se siente unida a ti más que nunca en este momento.
Confío en que tu hijo podrá recuperar su salud, tras los procedimientos médicos especializados a que es sometido. Y en medio del dolor y del abatimiento por estos acontecimientos, y a nombre de la sociedad dominicana a la que has prestado eminentes servicios en diferentes períodos de tu fructífera vida, espero también -y exijo- que se haga justicia y sea debidamente aclarado este hecho criminal para que sobre los autores materiales e intelectuales caiga todo el peso de la ley.
Félix M. García C.
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