Nadie logra explicarse, por lo menos desde una perspectiva racional, cómo es posible que en un presidio con muchos controles y vigilancia como el de Najayo, los reclusos se las arreglan para fabricar y adquirir armas blancas y de fuego con la que protagonizan frecuentes reyertas y motines.
La situación de violencia, enfrentamientos y caos frecuentes entre prisioneros de ese y de otros recintos carcelarios es de vieja data y, a pesar de todos los estudios y programas emprendidos, nadie ha podido garantizar un ambiente estable y seguro.
Se ha dicho hasta la saciedad que las cárceles deben ser lugares donde los reos puedan cumplir sus condenas y rehabilitarse en condiciones de dignidad personal, pero en la práctica esto no ha pasado de ser un predicamento hueco, aunque bien intencionado desde algunas instancias oficiales y privadas.
El motín que se registró el pasado sábado en el penal de Najayo, con un balance de un muerto y tres heridos de bala, es la más reciente demostración de que las autoridades penitenciarias no han logrado articular mecanismos efectivos de control.
Como en otros muchos casos de sangrientos pleitos ocurridos en presidios, nuevamente salieron a relucir insólitos relatos de la forma en que los reclusos se enfrascan en riñas con sus compañeros de celda y también cómo enfrentan a los guardias de seguridad carcelaria.
La perplejidad ante este estado de cosas estremece a los propios prevenidos, como ocurrió con un recluso herido durante el motín que desde su lecho en el hospital Juan Pablo Pina se preguntaba cómo puede haber tantas armas en una cárcel, en poder de los reos, y un tráfico de corrupción interna que lo facilita.
Es claro que una situación semejante sólo puede producirse con la complicidad o tolerancia de autoridades penitenciarias que, de manera irresponsable, en contra de la ley y del orden y, en abierta contradicción con sus deberes y obligaciones, se prestan a permitir la entrada de armas de fuego y a conceder privilegios y tratos de excepción a determinados prisioneros.
A pesar de las innegables mejoras logradas en el sistema penitenciarios con algunas cárceles modelo, debe agotarse una gran tarea para eliminar las deficiencias que aun persisten.
Comentarios (0)