La capacidad de los dominicanos para buscar alternativas frente a las penurias y urgencias cotidianas es grande y sunamente creativa, casi siempre en una proporción mayor cuanto más serios son los inconvenientes a que se enfrentan.
Algunos podrían decir que esto es el resultado de un natural imperativo del ser humano frente a las vicisitudes, recurso que ahora algunos tratadistas del desarrollo personal definen como el enfoque de los problemas desde una óptica de oportunidades.
Mucho antes de que este pensamiento de apreciable impulso estimulante comenzara a ser predicado en una infinidad de libros y de tratados, ya el refranero popular había graficado su esencia con la expresión “al mal tiempo, buena cara”.
En otras palabras, que no podemos doblegarnos ni dejarnos vencer frente a la adversidad, sino utilizar todas nuestras potencialidades, como han hecho ex trabajadores de zonas francas mediante la creación de 50,000 micronegocios.
En lugar de asumir una actitud quejumbrosa y sentarse a llorar su desventura, han logrado reinsertarse en el mercado y, desde sus pequeñas unidades económicas, son ahora sus propios patronos y tienen mejores perspectivas hacia la prosperidad por vía del trabajo productivo.
Son un ejemplo de aquello de que “querer es poder” tiene sentido, porque con nuestra actitud positiva podemos lograr excelentes cambios de rumbo.
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