La Comisión Permanente de Efemérides Patrias, la Fundación Héroes del 30 de Mayo, el Ministerio de Educación y las Fuerzas Armadas ofrecieron ayer un merecido tributo a la memoria de los héroes ajusticiadores Antonio de La Maza y Juan Tomás Díaz.
A 49 años de que perecieran en un enfrentamiento con esbirros de la tiranía trujillista, este homenaje es también un reconocimiento a todos aquellos que durante la sangrienta dictadura fueron torturados y asesinados por oponerse a un régimen de sangre y oprobio.
El acto fue realizado en la Plaza Patriótica dedicada a los principales líderes de la conjura, ubicada en el mismo lugar donde cayeron abatidos a tiros, en la avenida Bolívar esquina Julio Verne, el 4 de junio de 1961.
El país tiene una deuda perenne con éstos y otros héroes del 30 de mayo que ofrendaron sus vidas para provocar la caída de la dictadura y liberar al pueblo del estado de terror a que estuvo sometido durante más de tres décadas.
Hay algunos que aun tienen el atrevimiento -aunque con cierto cuidado y discreción- de hablar del orden y la seguridad que supuestamente existía durante la tiranía, lo cual constituye una ofensa a las víctimas de las torturas, los asesinatos y otras atrocidades cometidas por el déspota y sus sanguinarios secuaces.
Es innegable, sin embargo, que todo lo referente a la llamada Era de Trujillo y sus interminables y sórdidos episodios despiertan cierta atracción morbosa, aun en aquellos que vivieron durante la dictadura o que han conocido de sus horrores a través de libros y de testimonios aportados por sobrevivientes de ese oscuro período de la vida nacional.
Las nuevas generaciones deben ser bien edificadas sobre el carácter aborrecible de esa dictadura para que jamás retorne un régimen que suprima la libertad y se apoye en el horror.
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