La violencia criminal que se registra en diferentes zonas del país sacó nuevamente su tenebrosa cabeza en Santiago con el atentado a tiros perpetrado ayer, de forma alevosa y cobarde, contra el abogado y comentarista de televisión Yordy Veras Rodríguez.
Una sangrienta agresión como ésta, execrable en cualquier caso o circunstancia, se convierte además en un hecho abominable y objeto de la más enérgica condena cuando afecta a un ciudadano que se ha distinguido en la sociedad santiaguense por una trayectoria digna y recta.
Aunque debe formar parte importante de las pesquisas policiales y del Ministerio Público, lo relevante en primer término no es establecer o especular acerca del posible móvil del atentado, en el que hay que descartar el robo, sino realizar una exhaustiva labor de investigación para ubicar al atacante.
Una vez detenido es importante determinar si actuó por cuenta propia o por encargo, en cuyo caso habría autores intelectuales interesados en silenciar la voz de un profesional y comunicador que se ha distinguido por un trabajo serio y responsable en su bufete de abogado y a través de los medios de comunicación.
Además de lamentable, esta agresión podría ser mucho más preocupante si fue realizada como respuesta a algunos de sus comentarios, pues estaríamos entonces ante un grave atentado a la libre expresión del pensamiento.
En este difícil momento de angustia familiar, El Caribe expresa su solidaridad a su padre, el buen amigo Negro Veras, un luchador antitrujillista que, además de jurista en ejercicio, ha hecho aportes importantes en defensa de la libertad y la institucionalidad democrática del país.
A la vez hacemos votos por la pronta recuperación de su hijo, mientras esperamos que las autoridades capturen a su agresor para que este infame episodio no quede impune y se pueda hacer justicia de forma rápida y ejemplarizadora.
Con esto interpretamos el sentimiento de impotencia e indignación de una buena parte de la sociedad dominicana, conturbada por tantos hechos sangrientos que tienden a ampliar una atmósfera de temor y de inseguridad en la ciudadanía.
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