La miserable estampa de los haitianos que sobreviven precariamente en los campamentos de refugiados, en Puerto Príncipe, es realmente sobrecogedora y para que no sea objeto sólo de lamentos, debería de contribuir a sensibilizar aún más a la comunidad internacional.
Las fotografías y las descripciones periodísticas sobre la angustia, la situación de inseguridad y precariedad que caracteriza la vida en endebles e improvisadas carpas son conmovedoras y están matizadas por los testimonios de los seres humanos atrapados en ese drama.
Es un cuadro de sobrevivencia en condiciones infrahumanas donde, además de las carencias materiales, las mujeres haitianas, incluidas niñas y adolescentes, son víctimas de abusos sexuales y de todo tipo de vejámenes.
Es verdad que estas pequeñas carpas, sin divisiones y otras facilidades y en medio de mugre y fango, fomentan el hacinamiento y la insalubridad y que este doloroso cuadro sólo podrá ser superado cuando se les pueda trasladar a viviendas dignas y seguras.
La Cumbre “Haití: solidaridad más allá de la crisis”, que se inaugura mañana en Punta Cana, puede contribuir a aliviar la desgracia de esta gente y a sentar las bases de una vida futura digna y menos miserable.
De ahí que el mundo sensible ante el drama haitiano esté muy pendiente de lo que se logrará en la Cumbre.
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