Si hay una celebración que debería ser diaria y de vigencia permanente, es aquella que mañana se tributa a las madres.
Por su inconmensurable entrega a sus hijos, por un amor inextinguible que no está sujeto a condición alguna, son dignas de admiración y solidaridad.
Su gran aporte a la familia, a la sociedad y a las naciones solo puede ser recompensado en alguna medida con el amor y el reconocimiento de sus hijos.
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