Aunque la ayuda humanitaria a los damnificados del devastador terremoto de Haití debe mantenerse sin interrupción, en la comunidad internacional se afianza la conciencia de que la asistencia a la empobrecida nación tiene que ser de largo alcance y más allá de los efectos de la tragedia.
En otras palabras y más claramente, que además de reconstruir viviendas y la infraestructura productiva, los haitianos necesitarán un soporte y acompañamiento vigoroso para sentar las bases propias como nación que debe llegar a viable y autogobernable.
En diversos momentos se ha planteado, como un grito desesperado, la posibilidad de un fideicomiso, ante el cuadro doloroso de su historia contemporánea, caracterizada por dictaduras y la opresión a la inmensa mayoría de su población, sumida en la extrema pobreza.
Pero Haití y su pueblo, que fueron los segundos en proclamar una independencia en tierras americanas, en el 1804, tienen derecho a una oportunidad de reconstruir sus malogradas instituciones y fortalecer su aún endeble democracia.
Una primera reunión celebrada en Santo Domingo a raíz del terremoto de febrero pasado, entre representantes de gobiernos y organismos multilaterales, contribuyó a afianzar iniciativas de ayuda coordinada para el despegue definitivo de Haití.
La República Dominicana, que fue la primera en acudir en ayuda de los haitianos inmediatamente después de la tragedia, está enfocada ahora en promover una mayor ayuda a través de la “Cumbre Mundial sobre el Futuro de Haití: Solidaridad más allá de la crisis”, el 2 de junio próximo en Punta Cana.
Con esa finalidad, el presidente Leonel Fernández aprovechó, en Madrid, el marco de la “VI Cumbre Unión Europea, América Latina y el Caribe” para adelantar temas, conversaciones y contactos con el primer ministro de Haití, Jean Max Bellerive y otros jefes de Estado y de gobierno.
Las perspectivas para la cumbre de Punta Cana son alentadoras, porque están precedidas de la decisión de Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia y Japón de anular toda la deuda bilateral para acelerar la recuperación de Haití.
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