Bajo el influjo de lo que ha ocurrido en Arizona, donde se libra una intensa lucha contra una ley que pone en peligro la suerte de millones de inmigrantes indocumentados, países de América Latina han comenzado una campaña de alerta ante el temor de que en Europa pueda producirse una situación similar.
Mientras en Arizona se acrecienta la protesta, que es llevada a diferentes instancias, gobernantes latinoamericanos aprovecharon la cumbre europea para abogar en favor de la inmigración latina.
La presidenta argentina, Cristina Fernández, expresó su preocupación por el trato discriminatorio que a su juicio Europa da a los inmigrantes latinoamericanos, al intervenir en Madrid en la VI Cumbre de Europa, América Latina y el Caribe.
El presidente boliviano Evo Morales aprovechó también ese escenario para formular un llamamiento a la Unión Europea, a fin de que deje de expulsar a inmigrantes que trabajan en España y en otras naciones del viejo continente.
La preocupación de ambos gobernantes se inscribe también en el contexto de las crisis financieras que han afectado a naciones europeas y que en ocasiones son enfrentadas con medidas en contra de comunidades extranjeras que forman parte de la fuerza laboral y productiva.
Además de solidaridad humana por sus compatriotas que viven en el exterior, el sentimiento de apoyo a los inmigrantes latinos tiene un gran componente de inquietud para las naciones de Latinoamérica, porque las remesas que envían a sus familias son un sostén vital para la economía pública y la dinámica financiera.
Este aspecto es bien conocido y se le asigna mucha importancia en nuestro país, debido a que las remesas que envían los dominicanos residentes en el exterior aportan a la economía unos 2,000 millones de dólares al año.
Aunque la República Dominicana no ha presentado quejas formales sobre la situación de sus inmigrantes, esta voz de alerta proveniente de América Latina debe merecer respaldo porque de algún modo toca también a nuestros compatriotas.
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