El Día Mundial de la Libertad de Prensa encuentra a medios y periodistas de Latinoamérica sufriendo la peor oleada de violencia en muchos años con asesinatos y secuestros que socavan la libertad de información, piedra angular para el disfrute pleno de una democracia.
El panorama general presenta serios nubarrones, ya que continúa el aumento de la violencia física contra los comunicadores y de los atentados contra medios de comunicación.
En muchos países se observa un deterioro de las relaciones entre los gobiernos y la prensa y persiste, además, el uso inapropiado de fondos públicos, con la perniciosa práctica de premiar o castigar con la publicidad oficial, de acuerdo a la política editorial e informativa de los diarios.
Otro aspecto estremecedor que no debe ser ignorado es lo peligroso que se ha tornado el ejercicio de los periodistas, sobre todo en algunas naciones del continente, principalmente en México y Honduras.
En esta nación centroamericana han sido asesinados siete periodistas en los últimos meses, lo que ha creado un ambiente de temor y de autocensura que perjudica el derecho de los ciudadanos a ser informados con amplitud sobre los temas de interés general.
El dato de cien periodistas asesinados desde 1995 ilustra de forma dramática el cuadro que se observa en el continente y acerca del cual ha llamado la atención la Comisión de Impunidad de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA).
El año pasado 13 periodistas fueron asesinados y en lo que va de año hay 11 víctimas, dos en México, uno en Venezuela, 7 en Honduras y otro en Paraguay.
El narcotráfico es otra seria amenaza para la prensa libre e independiente, como lo demuestra el caso de México, que sigue siendo el país más peligroso para los periodistas que se resisten a realizar un ejercicio complaciente o banal o dominado por presiones o amenazas.
Como se ve, son muchos los desafíos que aún enfrenta el periodismo crítico, comprometido con la defensa del libre juego de las ideas y que se resiste al silencio cómplice y cobarde.
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