Instruir a un alumno universitario a que compre un libro cuyo autor es el mismo profesor o un relacionado suyo, es una práctica que no es propia de un maestro de vocación, sino de un comerciante que se equivocó de profesión y vive de impartir docencia.
Si un profesor de historia o economía escribe un libro que se adapta a los contenidos programáticos de una materia y es bueno, no tiene que obligar a los alumnos a comprarlo, porque probablemente ellos se darán cuenta de su utilidad.
Aunque la práctica no es nueva, lleva una tendencia peligrosa de generalización, por lo que corresponde a las autoridades universitarias donde esa práctica es cotidiana, ponerle fin de inmediato para evitar que los estudiantes se vean compelidos a comprar un libro que tal vez pueden obtener usado.
Los verdaderos profesores, los que respetan su investidura y al alumno, siempre dan una lista de libros que incluyan los contenidos de la materia, dándole la opción para que adquiera el que mejor le convenga por su precio.
Solo es profesor aquel que vive en permanente disposición de enseñar y lo hace con dedicación y con absoluto respeto al estudiante.
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