Si hay algo en que los seres humanos debemos fijar toda la atención es en el deterioro creciente que se registra en el planeta que habitamos.
Los terremotos, huracanes, erupciones volcánicas, inundaciones, sequías, temperaturas extremas, tsunamis, deslaves, grandes incendios y todo tipo de fenómenos de la naturaleza siempre han sucedido y afectado a la humanidad y al ambiente, pero la frecuencia y la intensidad con que se registran en los últimos años son una indicación de que los daños provocados por el hombre tienen consecuencias cada vez más devastadoras.
Al celebrarse hoy el Día Mundial de la Tierra, corresponde a todos los seres humanos parar las prácticas destructoras de la vida en todas sus manifestaciones y en cambio impulsar programas y acciones conservacionistas, porque el ritmo de deterioro que lleva el planeta constituye una amenaza muy seria para la supervivencia de las especies y para producir alimentos y conservar el agua.
Cuidar los árboles, no contaminar las aguas y terrenos, proteger los animales y explotar la tierra sólo en la medida en que le dejamos posibilidades de recuperación, constituyen acciones puntuales para que cada persona contribuya a defender el único espacio en el que –al día de hoy- es posible la vida.
La preocupación por la defensa del medio ambiente es relativamente nueva en todo el mundo si se toma en cuenta la larga tradición destructiva que ha mantenido el hombre sobre todos los recursos naturales que ha puesto bajo su dominio.
En los últimos 40 años un vigoroso movimiento ambientalista ha irrumpido en la conciencia de la humanidad y es la señal esperanzadora de que es posible revertir las prácticas depredadoras y convivir con la naturaleza.
En ese esfuerzo se encaminan las conferencias mundiales sobre medio ambiente, cambio climático y otros aspectos que cada determinado tiempo preparan los organismos de Naciones Unidas y que encuentran gran respaldo en todo el mundo.
El Caribe, consecuente con una larga tradición de defensa del medio ambiente, llama a los dominicanos a adoptar una actitud de respeto a la Tierra y de convivencia con ella en armonía para que las futuras generaciones dispongan de un lugar donde vivir.
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